GUÍA
Por qué suben o bajan los precios de los bonos ya emitidos
Cuando los tipos de interés se mueven, el precio de la deuda que ya circula en el mercado cambia en sentido contrario. Esta guía explica, sin fórmulas ni cifras, la relación entre precio y rentabilidad en los bonos, usando la deuda del Estado español como ejemplo descriptivo.
Qué es un bono y por qué su precio puede moverse
Un bono es un instrumento de deuda: un inversor presta capital a un emisor, que puede ser un Estado, un banco o una empresa, a cambio de recibir pagos periódicos de interés y la devolución del importe prestado al vencimiento. Una vez emitido, ese bono puede comprarse y venderse en el mercado secundario, y su precio de mercado no tiene por qué coincidir con el importe original que pagó el primer comprador.
El precio de un bono ya emitido fluctúa porque las condiciones del mercado cambian con el tiempo. Los pagos de interés que promete ese bono quedaron fijados en el momento de la emisión, pero el atractivo relativo de esos pagos frente a otras alternativas de ahorro e inversión varía según se mueven los tipos de interés generales de la economía.
La relación inversa entre precio y rentabilidad
Cuando los tipos de interés del mercado suben, los bonos de nueva emisión ofrecen pagos de interés más altos que los bonos antiguos emitidos cuando los tipos eran más bajos. Esto hace que los bonos ya existentes, con sus pagos fijos más reducidos, resulten menos atractivos para un inversor que puede acceder a una nueva emisión con mejor remuneración. Para que ese bono antiguo siga siendo competitivo, su precio en el mercado debe bajar.
El mecanismo funciona también al revés. Si los tipos de interés bajan, los bonos ya emitidos, que pagan un interés fijado cuando los tipos eran más altos, se vuelven más atractivos frente a las nuevas emisiones, que ofrecerán una remuneración menor. Esa mayor demanda empuja el precio de los bonos antiguos hacia arriba.
Esta relación inversa entre el precio de un bono y su rentabilidad implícita es uno de los principios básicos del mercado de renta fija. El rendimiento que obtiene un inversor que compra un bono en el mercado secundario depende del precio que paga por él: a menor precio pagado por un mismo flujo de pagos futuros, mayor rentabilidad resultante, y viceversa.
El caso de la deuda del Estado español como ejemplo descriptivo
La deuda pública española, emitida por el Tesoro en forma de letras, bonos y obligaciones del Estado, sirve como ejemplo de este funcionamiento porque es un activo ampliamente negociado en los mercados de capitales europeos. Cuando un inversor compra deuda española en el mercado secundario, el precio que paga determina la rentabilidad que obtendrá si mantiene el título hasta su vencimiento.
Un banco, un fondo de inversión o un ahorrador particular que posea deuda del Estado español ya emitida verá que el valor de mercado de ese activo en su patrimonio se mueve en función de cómo evolucionen los tipos de interés generales, aunque los pagos de interés que recibirá periódicamente permanezcan invariables durante toda la vida del bono.
Esta variación del precio no afecta a los pagos contractuales que el Tesoro se comprometió a realizar en el momento de la emisión. El riesgo asociado a mantener deuda pública hasta el vencimiento es distinto del riesgo de venderla antes de esa fecha, cuando el precio obtenido en el mercado puede ser superior o inferior al que se pagó originalmente.
Por qué importa esta relación para quien invierte en renta fija
Entender esta mecánica es relevante para cualquier inversor, empresa o entidad financiera que gestione carteras de deuda, porque el valor contable de esos activos en un balance puede fluctuar de forma significativa sin que cambien las condiciones del emisor. Un banco con una cartera de bonos soberanos, por ejemplo, verá reflejadas estas oscilaciones de precio en la valoración de su cartera, aunque el riesgo de crédito del emisor no haya variado.
Para el ahorro a largo plazo, esta relación explica por qué un fondo de renta fija puede registrar rendimientos negativos en periodos de subida de tipos, incluso cuando los bonos que componen la cartera siguen pagando sus intereses con normalidad. El efecto se produce sobre el precio de mercado de esos activos, no sobre la capacidad de pago del emisor.
La duración de un bono, entendida como el tiempo que falta hasta su vencimiento y la estructura de sus pagos, también influye en cuánto se mueve su precio ante un mismo cambio en los tipos de interés. Los bonos con vencimientos más largos suelen experimentar variaciones de precio más pronunciadas que los de vencimiento corto ante el mismo movimiento de tipos, lo que constituye otro factor de riesgo a considerar en la gestión de una cartera de deuda.
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